Primer plano de una mujer afrodescendiente sosteniendo una brújula dorada en un entorno tropical con montañas y mar al fondo, simbolizando la brújula interna y la toma de decisiones sobre la salud y el cuerpo.

La Brújula es Interna: Mi experiencia con los Implantes Mamarios y la Explantación

La historia detrás de mis 12 años con implantes, cómo decidí operarme en mis 20 y por qué decidí retirarme las prótesis. Una reflexión sobre salud, autoestima y autenticidad.

Para contarte sobre mi experiencia al ponerme y quitarme los implantes mamarios, primero tengo que hablarte sobre mi relación con mi cuerpo… Porque de esto se trata todo. El cuento es un poco largo, pero vale la pena leerlo, especialmente si tienes implantes, los estás considerando o tienes mujeres jóvenes a tu alrededor con preguntas al respecto.

 

Una experiencia muy común…

 

En mi infancia, lo único a lo que prestaba atención sobre mi cuerpo era lo que podía hacer con él. Jugué fútbol en la primaria y en secundaria bailaba; me sentía orgullosa de eso y lo disfrutaba.

Mi primer recuerdo de alguien opinando sobre mi físico fue, curiosamente, ¿Bueno?: “La gente dice que tienes un cuerpo delca’…” (no tenía idea de qué significaba eso o de que mis compañeros se fijaran en mi cuerpo).

No pasó mucho tiempo hasta que escuché por primera vez el famoso: “Es nadadora: nada por delante y nada por detrás”.

En otra ocasión escuché a un compañero decir: “Mirando desde acá, parece hombre”. Recuerdo exactamente lo que llevaba puesto cuando hicieron ese comentario (un tank top naranja y un pantalón cargo caqui); nunca me lo volví a poner.

Fast forward a la universidad: hubo un periodo en el que gané peso y un amigo, mirando mis piernas, me dijo: “Oye, estás como más gruesita, esas son las empanadas, jajaja”. Recuerdo exactamente dónde estaba y el pantalón que llevaba puesto (era mi favorito, pero dejé de usarlo por un buen tiempo).

Creo que fue entonces cuando empecé a interesarme por el gimnasio. No me arrepiento, porque lo disfruté, me ayudó durante los años estresantes de la carrera y sentó una buena base metabólica. Hoy en día, el ejercicio es mi hábito favorito. Pero, por supuesto, unos años después una amiga me advirtió: “No hagas muchas pesas porque luego te crecen los brazos como a un hombre”.

 

Es que no se puede ganar…

 

Al menos no cuando le damos demasiado peso a lo que la gente dice. Error técnico número uno que, como mujer joven, a veces es inevitable.

Estas situaciones no ocurren en el vacío. Mientras escuchamos estos comentarios, estamos expuestas a mensajes sobre cómo debemos vernos o cómo debemos sentirnos con cada detalle de nuestra apariencia.

Ver cuerpos muy específicos recibiendo elogios constantemente (en la escuela, universidad, trabajo, medios, redes, etc.) envía un mensaje claro sobre lo que es “atractivo” o “ideal”.

Esto afecta nuestras decisiones, sobre todo cuando el deseo de pertenecer se combina con otras experiencias que deterioran nuestra autoestima.

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¿Por qué me puse implantes mamarios?

 

Mi cuerpo naturalmente tiende a verse atlético; gano masa muscular relativamente rápido (o al menos así fue hasta los 40 -tema para otro artículo-). Mis hombros están marcados y no tengo muchas curvas. Todo esto que ahora amo de mi cuerpo, antes no lo apreciaba.

Hace 14 años estaba delgada, pero no necesariamente sana. Mi punto más bajo de peso fue durante el primer año de internado; un periodo en el que comía mal, dormía poco, trabajaba bastante y no me cuidaba o sentía muy bien en genera… Pero desde afuera encajaba (al menos en parte) con el estándar y recibía atención positiva por ello.

La idea me venía rondando la cabeza: quería cambiar algo, ‘mix things up’, verme diferente para sentirme diferente. Pensé que, con mamas más grandes, me vería mejor. Ya había visto a otras chicas aumentar su confianza (y recibir más atención) después de operarse, así que allá fue buena parte de mis ahorros.

Efectivamente, con mi nuevo escote me veía y me sentía súper. Y (spoiler alert): no me arrepiento de haberme puesto los implantes. Te explico por qué:

  • Fue mi elección.
  • Los disfruté por mucho tiempo.
  • Afortunadamente, no tuve complicaciones en esos 12 años.
  • Más que “arrepentirme” veo las experiencias como lecciones valiosas.

No sería honesto decirte lo contrario, pero eso no significa que lo volvería a hacer. Me habría gustado estar en un lugar de mayor satisfacción con el cuerpo que ya tenía, pero si hubiese sido el caso, probablemente

no habría visto los implantes como una “solución”, porque no habría visto un “problema”.

Cerré mis 20s y pasé la mayoría de mis 30s con los implantes. Pude amamantar a mi bebé por casi tres años sin mayor problema y luego sentí que era momento de otro cambio.

 

¿Por qué me quité los implantes?

 

Durante esos 12 años pasaron muchas cosas…

Le di un giro a mi carrera hacia un enfoque preventivo basado en hábitos de estilo de vida, formándome en salud metabólica y cardiovascular, medicina deportiva, coaching nutricional, mindfulness, entre otros entrenamientos.

Dejé de usar químicos (relajante) para cambiar la textura de mi cabello afro, tras 20 años de usarlos sin ser consciente del daño (en mi cuero cabelludo y en mi organismo -como estudios recientes han mostrado-). Ahora uso mi afro con libertad.

Me casé y tuve una hija que me ha dado claridad sobre lo más importante: la belleza de ser uno mismo. Ser mamá cambió mi perspectiva; modelar autoestima y autenticidad cobró un valor inmenso.

Durante esos años también inicié una terapia con EMDR que fue un proceso maravilloso (del que también tengo que escribir también). Está de más decir que

la persona que se puso los implantes no es la misma que decidió quitárselos.

Fueron 12 años de regresar a mí, poco a poco y sin un plan maestro. La explantación fue parte crucial de ese proceso. También fueron 12 años de tener un material foráneo, no inocuo y no necesario, a centímetros de mis órganos vitales.

 

¿Qué cambió al quitarme las prótesis mamarias?

 

Aunque no me arrepiento, hoy no le recomendaría a nadie ponérselos, sean del material que sean. Respeto profundamente la libertad de cada mujer sobre su cuerpo; simplemente hoy, con lo que sé y he vivido, mi recomendación profesional y personal es esta.

Cuando te los quitas y comprendes lo que involucra el procedimiento, tienes más claridad sobre lo que pusiste en riesgo. Cuando ves lo que involucra la recuperación, sientes la diferencia al caminar, al subir escaleras, al entrenar… Todo cambia.

Aunque no tuve una reacción negativa grave como el Síndrome de ASIA asociado a los implantes, en las semanas siguientes a mi explantación empecé a perder peso y a sentir más energía. Seguramente mi preparación para la cirugía ayudó a que la recuperación fuese satisfactoria, pero me quedó claro que retirar ese material de mi cuerpo fue fisiológicamente necesario.

 

Mi cuerpo después de la explantación y mastopexia

 

Hoy, dos años después, puedo decir que este es el cuerpo con el que me identifico. Mi cuerpo se siente correcto, cómodo, fuerte y más sano. Me siento hermosa y feliz así.

Puedo usar el tipo de ropa que me gusta. Me gusta mi composición atlética, me gustan mis brazos, mis hombros, mi escote, mi cabello, todo lo que es mío.

También ayuda el saber que tengo una niña que enfrentará retos similares. Ahora sé que podré modelarle con claridad cómo amarse, porque parte de lo que ella ve en el espejo es lo que ve en mí.

Claro que hay cosas que estoy trabajando en mejorar para sentirme mejor, pero no hay ningún prototipo en las redes sociales, revistas o tv que guíe mi sentir.

La brújula es interna; el estándar es mío.

 

Un mensaje para ti

Este ha sido un artículo menos “académico”, menos de la doctora y más de la mujer que fue niña en una sociedad que no celebraba suficiente la individualidad y autenticidad, o al menos no en todos. Pero quiero dejarte un mensaje útil (para ti, las mujeres y niñas en tu vida):

  1. Cultiva el hábito de mirarte con amor: mírate a través de los ojos de alguien como una mamá o una hija que te ama con locura, hasta que tus propios ojos sean igual de amorosos.
  2. No dejes que la estética de hoy comprometa tu salud de mañana: las tendencias corporales cambian, pero lo que se siente bien para ti no tiene por qué fluctuar con la moda. No tenemos que vernos iguales para ser hermosas o pertenecer… Suena cursi, pero es así.
  3. Infórmate: no todos reaccionamos igual a los diferentes tipos de implantes y procedimientos, pero siempre existe la posibilidad de una complicación. Piénsalo bien y haz muchas preguntas.

Sé que hay quienes requieren procedimientos para reconstruir lo que han perdido y lo considero tan válido como cualquier otra razón; mi perspectiva es la de alguien que se operó por razones meramente estéticas.

 

Soy consciente de el tema de qué contienen realmente los implantes, lo que se sabe sobre cómo nuestro organismo funciona y lo que no se ha podido demostrar *aún*. Esto amerita una revisión completa y separada, para no perder el hilo de lo que este viaje significó para mí, en términos de identidad.

 

Palabras finales

Me tomó casi dos años escribir esto (empecé 1 mes después de la explantación). Espero haberte mostrado con mi historia (lo que cupo aquí) que:

  • Nuestras decisiones no nacen en el vacío: las decisiones que tomamos con nuestro cuerpo y estilo de vida no aparecen de la nada y pueden tener un impacto duradero. Muchas veces son consecuencia de nuestro entorno o circunstancias.
  • La empatía es clave: no debemos juzgar las decisiones ajenas porque como trato de siempre recordar “No conoces a las personas lo suficiente como para juzgarlas, y a las que conoces suficiente, no las juzgarías”.
  • Nuestras palabras tienen eco: lo que decimos a los demás y cuánto celebramos (o no) la autenticidad, influye directamente en cómo nuestros amigos, extraños y, eventualmente, nuestros hijos se sentirán y actuarán.
  • El amor propio como motor de cambio: ámate por quien eres mientras cuidas tu salud. Si decides modificar algo en tu cuerpo, hazlo desde ese amor, no desde el rechazo. Para ser hermosa, no tienes que parecerte a nadie más.

Si te identificaste con algo de lo que compartí o tienes preguntas, me encantaría leerte en los comentarios.

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Nota: este artículo es de carácter informativo y relata una experiencia personal; no sustituye el asesoramiento, diagnóstico o tratamiento de un profesional de la salud. Consulta siempre a tu médico para evaluar tu caso particular.

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Dra. Graciela Dixon

Médico • Habit Strategist Bienestar en el Trabajo

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